LA IRÓNICA CARENCIA DE AGUA POTABLE DE LOS MORADORES DE LA AMAZONÍA
septiembre 17, 2022En la selva peruana, un enorme asentamiento humano, habitado en parte por indígenas, no tiene acceso a recursos hídricos ni saneamiento adecuados, a pesar de estar cerca de una de las mayores reservas del mundo. El máximo tribunal del país tiene en sus manos la decisión de acabar con esta situación.
Fuente: El país. [Fotografía], por Ginebra Peña Gimeno, 2022.
A pocos días del fin del año 2021, mientras
una parte del mundo celebraba con cohetes y confeti la llegada del 2022, Tito
Curitima, un curtido hombre amazónico de 54 años, volvía sus ojos al entorno en
el que vive y comentaba por enésima vez: “Ha vuelto a pasar lo mismo”. Debido a
las profusas lluvias, las calles y plazas del asentamiento humano Iván Vásquez
Valera, de la ciudad de Iquitos (capital del departamento de Loreto), estaba sumergiéndose
en el agua.
La crecida amenazaba con extenderse, por lo que se colocaron unos costales blancos llenos de arena a la vera de una acequia de aguas residuales que corre por una calle llamada cruelmente Buenos Aires. Cerca, en una esquina, esta vertiente fétida se junta con dos desagues a cielo abierto: uno viene de un hospital de Essalud (el sistema de salud del Seguro Social), que está allí como una triste contradicción sanitaria, y el otro de un matadero cercano. “Ha aumentado la pestilencia”, agregaba Curitima, mientras recordaba que, en el año 2010, otra intensa temporada de lluvias se llevó algunos enseres de su casa.
EL FALLO QUE HACE AGUA
Esta comarca, ubicada en la región donde está
la mayor reserva hídrica del país (más del 90 % del agua disponible en el Perú
está en la Amazonía, donde solo vive poco más del 30% la población), no tiene
agua potable ni alcantarillado. En el asentamiento Iván Vásquez Valera, y en el
vecino llamado 21 de septiembre, habitan cerca de 2.500 familias y casi el 50%
de la población es indígena; la mayoría son de la etnia kukama, muy asociada al
agua, pues le tienen respeto al delfín rosado, a las boas; son unos maestros en
arte de pescar, consideran al río Marañón un ser vivo y creen que, cuando
alguien se ahoga en un río, en verdad se ha ido a un mundo subacuático. Cuando
eso pasa, se comunican con ellos a través de los sueños.
Pero acá más bien sueñan con tener los
servicios básicos mínimos, algo que la Municipalidad Provincial de Maynas
(Iquitos es la capital de esa provincia) no les otorga, a pesar de haber sido
reconocidos como Asentamientos Humanos Marginales: 21 de septiembre, en el
2006; e Iván Vásquez Valera, en el 2007. Lo que sí se les dio fue fluido
eléctrico en calles y casas, como una señal de que sus moradores existen.
El Tribunal Constitucional del Perú tiene,
desde mediados del año 2021, la posibilidad de acabar con las deficientes
condiciones de vida de estas poblaciones
El Tribunal Constitucional del Perú tiene,
desde mediados del año 2021, la posibilidad de acabar con las deficientes
condiciones de vida de estas poblaciones si admite el recurso presentado por
los abogados del Instituto de Defensa Legal (IDL), quienes batallan desde hace
cinco años por esta causa, para que los ciudadanos tengan el elemental acceso al
agua y saneamiento que todo ser humano merece.
“Todas esas aguas pueden ser tratadas”,
señala Juan Carlos Ruiz, uno de los abogados que lleva adelante la demanda
usando varios argumentos jurídicos. La Constitución Política del Perú, en su
Artículo 7-A, establece que “el Estado reconoce el derecho de toda persona a
acceder de forma progresiva y universal al agua potable”. El 195 indica que “la
prestación de servicios públicos es de responsabilidad de los gobiernos
locales”.
El artículo 25 de la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas también respalda el
pedido. Según este, “los pueblos indígenas tienen derecho a mantener y
fortalecer su propia relación espiritual con las tierras, territorios, aguas,
mares costeros y otros recursos”. Todo ello sirvió para ganar en una primera
instancia, pero el municipio apeló y en segunda instancia la Sala Civil de
Loreto falló en base a otra ley peruana, la número 30645, que prohíbe dotar de
servicios públicos en “zonas de riesgo no mitigable”.
LA CONEXIÓN LÍQUIDA
De acuerdo a Ruiz, dicha norma está hecha
para lugares como la costa peruana, donde la población tiende a asentarse en
lugares cercanos a los ríos que se desbordan en las épocas de lluvia. En esta
parte de la selva, la situación es cualitativamente distinta, porque
ancestralmente los pobladores están habituados a reinventar su forma de estar y
vivir cuando vienen las precipitaciones.
Fuente: El país. [Fotografía], por Ginebra Peña Gimeno, 2022.
A este fenómeno se le llama bosque inundable
y ocurre en otros varios sitios de la Amazonía. Más aún, hay pueblos como Islandia,
un distrito ubicado en la frontera con Colombia, que tiene todas las casas
levantadas ―incluyendo el local del municipio― sobre el cauce del río Yavarí,
porque se sabe que, en algunos momentos del año, en efecto, las aguas subirán.
Una solución basada en la lógica que, sin embargo, no se implementa en
territorios similares como Iquitos.
“Hay una conexión con el agua, con sus seres
espirituales”, sostiene Verónica Shibuya, funcionaria del Centro Amazónico de
Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP). Cuando uno camina por estas calles
terrosas de estos asentamientos humanos comprueba que los pobladores indígenas,
o mestizos que son la mayoría, buscan no mantenerse lejos de ríos como el
Nanay, un afluente del Amazonas que pasa cerca. Algunos inclusive practican la
pesca de subsistencia en ese río.
La mayoría no, ciertamente, porque los
trabajos predominantes son de estibador, timonel, albañil, técnico electricista
o vendedor ambulante (el ingreso promedio diario apenas fluctúa entre dos y
siete euros o su equivalente en soles). Pero resulta evidente que no pueden
imaginar su vida alejada del ecosistema acuático y, por eso, están allí y no en
el centro de la ciudad. Otros han migrado desde la misma ciudad. El problema no
es el agua; es la contaminación.
Pero hasta el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) ha explorado situaciones alternativas, como la acumulación del
agua de lluvia (en Iván Vásquez se intentó, pero sin buenos resultados). O
elevar las tuberías. O promover un sistema de pozos, siempre que la napa
freática no esté contaminada. En vez de seguir esa ruta, las autoridades hacen
promesas que no cumplen, rechazan demandas, y la consecuencia es que 2.500
familias siguen sumergidas en el olvido
Si no existieran los desagües de Essalud, del
matadero o del colegio ―denominado Liceo Naval de Iquitos―, la vida para los
vecinos podría ser mínimamente más llevadera. Pero un torrente de trabas
burocráticas, erráticas interpretaciones de la ley y escaso entendimiento
cultural parecen haberse juntado para crear un remolino de problemas y seguir
abriendo los caños de las aguas residuales.
MIGRAR O ENFERMAR
También incide en este drama sanitario la
situación social de la selva en general. “Vine acá porque quería mejorar y
estudiar”, dice Ronaldo Jiménez, un muchacho de la etnia matsé, cuyo lugar de
residencia original queda a cinco días, con sus noches, de navegación desde
Iquitos, en la zona del Alto Yavarí. Antes, vivía en su comunidad y parte de su
tiempo lo dedicaba a pescar especies amazónicas como el acaraguazú o el
bujurqui. Hoy estudia diseño gráfico en Iquitos.
Vive con su esposa y un niño en una casa
rústica de la avenida principal de Iván Vásquez Valera, que está parcialmente
cubierta de tierra para evitar el efecto pernicioso de las inundaciones
estacionales. Es de madera, está sobre un altillo y en ella viven también sus
suegros y sus primos políticos. Para ingresar a su habitáculo ―donde hay un
refrigerador, algunas sillas y un par de hamacas― uno tiene que caminar por
pasillos de madera estrechos y tambaleantes.
Las pésimas condiciones sanitarias provocan
una gran incidencia de enfermedades de la piel, respiratorias y estomacales
Como él, cientos de indígenas han venido a la
ciudad y, según un informe del CAAAP, lo hacen para “mejorar sus condiciones de
vida y salud”, algo que según el propio documento es contradictorio porque “la
zona es un foco infeccioso permanente”. Al punto que, una encuesta que hizo
esta entidad sobre 175 personas de los asentamientos, la mayoría declaró haber
tenido dengue y malaria. Es imposible no imaginarlo cuando los desechos rondan
por varios lados y el agua se estanca, hábitat idóneo para los mosquitos
transmisores de estas enfermedades.
Este territorio rodeado de cursos de agua
hediondos, donde los gallinazos se mueven como en su fluido esencial, parece un
gigantesco criadero de mosquitos, entre ellos el Aedes Agypti, que puede
transmitir no solo el dengue sino, además, la chikungunya y el zika. Las
pésimas condiciones sanitarias también provocan una gran incidencia de
enfermedades de la piel, respiratorias y estomacales; así como de casos de
tuberculosis.
¿Sería mejor si no migraran? Según el
artículo La salud en las comunidades nativas amazónicas del Perú, publicado en
2014 en la Revista Peruana de Epidemiología, apenas el 10% de las comunidades
nativas tiene un puesto de salud. El saneamiento es igualmente escaso y hay
fuertes índices de desnutrición infantil. Según un reciente estudio de las ONG
Suyay y Zerca y Lejos, en Santo Tomás, un pueblo vecino a Iquitos, la
prevalencia de retraso en el crecimiento allí es muy elevada. En los niños en
edad preescolar llega a 31,3%, lo que es 18,6 puntos por porcentuales por
encima del promedio sudamericano (12,7%). Se trata, entonces, de una migración
deseada, pero a la vez forzada. Segundo Panduro, un hombre cuya ascendencia es
kichwa (otra etnia amazónica), llegó acá desde Tarapoto, ciudad selvática
peruana ubicada en una zona más bien montañosa. No encontraba trabajo y en este
pueblo al menos halló un lugar para construir una casa.
ANTES DE LA PRÓXIMA CRECIDA
Frente a Panduro vive la señora Nora Sikiwa,
que es también kichwa, pero del Ecuador. Vino cruzando la frontera porque el
negocio de venta de frutas que tenía comenzó a naufragar. Es madre de siete
hijos, de distintas edades, que se le trepan al cuerpo y se ríen mientras
conversa. En la puerta de su humilde chabola de madera vende trozos de sandía
y, por supuesto, también anhela que un día el agua potable y el alcantarillado
lleguen. Porque sabe que las enfermedades la rodean.
El Tribunal Constitucional del Perú tiene en sus manos admitir el recurso presentado por los pobladores y resolver que tienen derecho a algo tan básico como al agua, a su agua. Mientras, la próxima inundación se avecina, en medio de las mismas; no como ocurriría en un bosque limpio, o en un pueblo con servicios.
REFERENCIA
Escobar, R. (2022, Febrero 03). La irónica carencia de agua potable de los moradores de la Amazonía [blog]. Obtenido de https://elpais.com/planeta-futuro/2022-02-04/la-ironica-carencia-de-agua-potable-de-los-moradores-de-la-amazonia.html
Peña, G. (2022, Febrero 04). Inundados y sin agua [Fotografía]. Obtenido de https://elpais.com/elpais/2022/02/01/album/1643719083_163332.html#foto_gal_1


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